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Puerto Rico Heineken Jazz Fest tuvo cierre histórico

Por Rafael Vega Curry. La celebración de los 25 años del Puerto Rico Heineken Jazzfest culminó anoche con un grandioso junte de músicos de diversas generaciones, algunos de los cuales nunca habían compartido en una tarima, y quienes arrancaron sonadas ovaciones del público con sus candentes interpretaciones.

El maestro Eddie Palmieri y su Afro-Caribbean Jazz Septet fueron los encargados de comenzar la extensa velada, que comenzó con retraso a causa de un problema técnico con el teclado del pianista. Esa circunstancia no pareció afectar en absoluto a un Palmieri sonriente y feliz que arrancó con “Life”, un emotivo “tone poem” en honor de su fenecida esposa, interpretado a piano solo. A continuación, la banda tocó el primero de varios números de gran energía, “Crew”, en el que Jonathan Powell en la trompeta y Louis Fouche en el saxo alto mostraron que, pese a su juventud, son ya maestros en sus respectivos instrumentos. Con potentes solos de Luques Curtis en el “baby bass” y Anthony Carrillo en los bongós, el conjunto borró totalmente las fronteras entre jazz latino y salsa instrumental.

En una versión del antiguo tema “Chocolate Ice Cream”, ahora rebautizado “Vanilla Extract”, Palmieri estableció una firme conexión con el público, que disfrutó su solo de piano, así como el timbal de Camilo Molina, en esta sabrosa guajira-blues. “Noble Cruise”, pieza que el pianista describió como un homenaje a Thelonious Monk, evidenció su afinidad con ese otro gigante del piano, así como el excelente afinamiento de la banda.

“El latin jazz es la fusión del siglo 21”, dijo entonces el maestro, para concluir con una estupenda interpretación del clásico “La libertad lógico” en el que se destacó su solo de piano, repleto de sus usuales disonancias, notas sueltas y conversaciones entre sus dos manos.

La segunda banda de la noche, Giovanni Tommaso Consonanti Quartet, fue la encargada de brindarle al público el “hard bop” de la noche. Sobresalió de inmediato el joven saxo alto Mattia Gigalini, con un agradable sonido nasal en su instrumento y total entrega en su expresión. El propio Tommaso demostró en “SOS” sus dotes en el bajo acústico, utilizando técnicas que incluyeron el uso de la madera del bajo como instrumento percusivo.

Construido sobre un incesante patrón rítmico y con frecuentes “double-times” para las improvisaciones, “Euphoria” sirvió de marco para que todos los integrantes del cuarteto, incluyendo al pianista Enrico Zanisi y el baterista Nicola Angelucci, ejecutaran solos de primera, destacándose además aquí la profunda interacción entre piano y bajo.

Con un medley de dos temas italianos clásicos, “Profumo di Donna” y “La Dolce Vita”, Tommaso y su grupo concluyeron su participación. Llamó fuertemente la atención la habilidad de la banda en los constantes cambios de tempo en esta interpretación, culminando a una velocidad imposible que derivó en pasajes de “free jazz”. El público brindóuna sonora ovación a este despliegue de técnica y corazón.

Antes de la magna presentación del Puerto Rico Heineken Jazzfest 25 Anniversary All Stars, ejecutivos de Berklee College of Music –institución asociada al festival desde sus inicios y que co-auspicia junto a Méndez & Co. los talleres educativos que son la razón de ser de este evento- llevó a cabo un reconocimiento más que merecido: la entrega a Luis Alvarez, vicepresidente de Méndez y productor del Jazzfest, del primer George Wein Jazz Impresario Award, así llamado en honor del creador del primer festival de jazz, el de Newport. Al recoger el galardón, un emocionado Alvarez afirmó que el premio no es solo para él, sino para todo el equipo de productores y compañeros que lo han ayudado en la organización del festival durante un cuarto de siglo.

Lo que sucedió a continuación fue un evento de carácter realmente histórico, al reunir sobre la tarima del Heineken Jazzfest a artistas del calibre de los bajistas Eddie Gómez, Giovanni Tommaso y Abraham Laboriel; los saxofonistas Larry Monroe, David Sánchez y Edmar Colón; los trompetistas Arturo Sandoval y Julito Alvarado; los trombonistas Conrad Herwig y William Cepeda; el guitarrista Jorge Laboy; los bateristas Dafnis Prieto y Antonio Sánchez; y el percusionista Giovanni Hidalgo, todos dirigidos por Michel Camilo en el piano. Pocas veces, si alguna, se habrán reunido en un mismo escenario tantas estrellas del jazz y el jazz latino.

La manifestación del poder de una banda así no se hizo esperar, con la interpretación del clásico “Night in Tunisia”, de Dizzy Gillespie, en la que se destacaron los apasionados solos de Herwig y Sandoval, este último en sus usuales niveles estratosféricos.

Reduciendo la banda a un cuarteto integrado por Camilo al piano, Gómez al bajo, Prieto en la batería y Sandoval en trompeta, la melodía de la clásica balada “Body & Soul” arropó entonces los predios del Anfiteatro Tito Puente. Fue un interludio de paz antes de la interpretación, fogosa nuevamente, del clásico “Song for my Father” de Horace Silver, en arreglo de Herwig.

Otra cálida balada acarició los oídos del público, “Soñando con Puerto Rico”, en una original interpretación a piano (Camilo) y dos saxos tenores (Sánchez y Colón). Un momento exquisito.

Fluctuando entre el blues, el jazz latino y la comparsa cubana, un octeto liderado por Palmieri y con excelentes improvisaciones de Sánchez, Colón, Alvarado y Prieto acometió entonces “Camagüeyanos y habaneros”, un tema clásico del pianista.

El próximo tema fue algo sumamente original, una interpretación del clásico “Caravan”, de Juan Tizol, por un quinteto de trombones liderado por William Cepeda y en ritmo de bomba. Con una regia sonoridad, un exquisito arreglo y el uso de sonoros caracoles, fue un momento memorable en su festival ya de por sí memorable.

Como lo fue también el número con el que concluyó el festival: “Manteca”, de Dizzy Gillespie y Chano Pozo, presentado por Michel Camilo como “una de esas piezas que son quintaesencia del jazz mundial”. Todas las estrellas de la agrupación, exceptuando a Palmieri y Tommaso, dieron aquí lo mejor de sí en sus respectivos solos, cada cual en su estilo y aportando a la fiera belleza de esta interpretación. Fue un derroche de riquezas musicales que cerró, con el clásico broche de oro, la espectacular celebración de los 25 años del Puerto Rico Heineken Jazzfest.

Extraído de elnuevodia.com

 

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