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Argentina y Francia: ambos en busca de su tercer título

Francia tiene una cita con Argentina en la final de la Copa del Mundo. Y ustedes también están invitados. Un partido donde se juega la tercera copa del mundo para ambos. Un partido donde no sólo se juega el trono del fútbol mundial, sino la corona del Rey. Messi, que se resiste a abdicar, ante su delfín, Mbappé, que lleva años codiciando el título de Su Majestad. Cierto es que el argentino ha ido de menos a más en el torneo y el francés, de más a menos, pero no hay duda que han sido los dos grandes nombres propios de este Qatar 2022. Ambos han liderado a sus dos selecciones, sin desestimar la ayuda de los Julián Álvarez, Griezman y compañía, hasta la final del Mundial. Y ambos han sufrido. Los argentinos las pasaron canutas en la fase de grupos y ante Países Bajos. Los franceses tuvieron que dar lo mejor de sí ante Inglaterra en cuartos de final y ayer, en semifinales, ante una Marruecos que ha dejado bordado en oro su firma en los anales de la Copa del Mundo.

Avisó en la previa Regragui que, para él, tener el balón no era una prioridad. Su Rocky Balboa, cómo el mismo llamó a su selección, es especialista en aguantar los golpes. Su principal arma en todo el torneo fue aguantar con la guardia alta y esperar un despiste rival para mandar de un plumazo a la lona a su oponente. La táctica es tan antigua como los fenicios, pero así cayeron Bélgica, España y Portugal, que no pensaron que una muralla tan prehistórica pudiera tener tan pocas grietas. Pero por si una defensa de cuatro atrás y un trivote no fuera suficiente barrera para detener a los Mbappé, Griezmann, Giroud y compañía, el técnico marroquí decidió blindar aun más su rocoso muro y salió, para sorpresa de nadie, con tres centrales. Para colmo, Deschamps no podía contar con su jugador de más calidad en el medio, Rabiot, que atraviesa un proceso gripal. Le sustituyó Fofana, que casi juega a otro deporte, por lo que el papel de Griezmann como enganche entre la defensa y la delantera tomaba aún más protagonismo. Mbappé y Giroud ha puesto los goles bleus en este Mundial, pero es el del Atlético el que da sentido al juego francés.

Tanto es así que no tardó ni cinco minutos en encontrar una grieta. En un movimiento invisible para la defensa marroquí, Griezmann se desmarcó en la derecha del área y señaló una línea de pase a Varane, al que no le tembló el pulso para meterle un balón raso de 30 metros entre tantas piernas. Griezmann controló, buscó a Mbappé, que remató al bulto, y el rebote le cayó a Theo Hernández, que de medio volea esquivó la salida de Bono para abrir el marcador. Era la primera vez que Marruecos se ponía por detrás en todo el torneo. El partido entraba en territorio inexplorado.

Buena reacción marroquí

Ante el nuevo mapa, Francia cedió a Marruecos el protagonismo que no quería. Si había arenas movedizas, deberían ser ellos los primeros en pisarlas, debió pensar Deschamps. Ounahi y Ziyech probaron tímidamente a Lloris, pero el gol parecía estar más cerca en la otra portería. Y es que Francia es una selección que respira estupendamente cuando tiene que correr. A la contra, Giroud estrelló un balón al palo y Mbappé sonreía mucho más que cuando ataca en estático. Aun así, antes del descanso, El Yamiq estuvo a punto de borrar la sonrisa de sus cara con un remate de chilena que dio en el poste y que de haber entrado hubiera sido el gol del Mundial.

En la segunda parte Marruecos enseñó su cara oculta. Esa que no había mostrado en todo el torneo. Esa que demuestra que tras la muralla impuesta por su técnico había jugadores para poner en aprietos a la mismísima campeona del mundo. El equipo africano salió en tromba tras el descanso hasta el punto que Griezmann fue, por momentos, un central más, y Konaté se agrandó como figura de un partido en el que se le esperaba como presencia testimonial.

Arriesgó en exceso Francia, que vio aliviado un poco su sufrimiento cuando entró Marcus Thuram, que dio aire fresco al ataque y seguió a Achraf en sus subidas, que hasta entonces había estado campando a sus anchas. Mbappé, ya como delantero centro, abandonó la banda y se dedicó a recuperar energías. Las suficientes para tener la claridad de hacer la jugada del partidó en el 80′. Tras sortear en media baldosa a tres defensas dentro del área disparó un balón que se transformó de tiro mordido en asistencia para Kolo Muani, que en boca de gol empujó a la red el primer balón que tocaba en el partido.

Ahí se acabó el partido. Marruecos no bajó los brazos, pero el estado anímico de los leones del Atlas, tras haber remado todo el partido a contracorriente sin llegar a la orilla, no alcanzaba para un arrebato final. Aun así, solo queda quitarse el sombrero ante ellos. Y ante Francia, que defenderá su trono de campeón.

fuente: as.com

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