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Se enciende el Puerto Rico Heineken JazzFest

La segunda jornada del Puerto Rico Heineken Jazzfest 2016 estuvo definida por tres acercamientos distintos al jazz latino, cual de ellos más sabroso y enérgico, así como por la presencia de dos jóvenes artistas de apenas 17 años –el guitarrista Juan Salinas y la cantante Didi Romero- que demostraron tener brillantes carreras por delante.

La noche comenzó con el elegante “bebop” latino de Charlie Sepúlveda & The Turnaround. En el tema “Sepúlveda Boulevard”, el líder lució el exquisito sonido de su trompeta, seguido por un solo de saxo tenor de Norberto “Tiko” Ortiz –quien compuso la pieza- abundante de ideas y de profunda raíz en las tradiciones establecidas por John Coltrane y Michael Brecker. La descarga de Gadwin Vargas en las congas arrancó los primeros vítores de la noche.

Sin pausa, la banda continuó con “Liberty”, una nueva composición de Sepúlveda basada en los acordes de “La libertad, lógico” de Eddie Palmieri. Aquí Ortiz volvió a manifestar el sonido robusto y oscuro de su tenor, mientras que Sepúlveda introdujo nuevos colores al conectar su trompeta a un procesador electrónico. Su solo, magistral, fue algo así como una composición espontánea.

Ampliando las convenciones del lenguaje del bebop, los músicos acometieron entonces una versión funky del clásico de los Beatles “Come Together” en la que sobresalieron la improvisación de Gabriel Rodríguez en el bajo eléctrico, intensamente rítmica y de depurada técnica, y de Francisco Alcalá en la batería, exploratoria y con interesantes manipulaciones del tiempo.

Los mayores aplausos de este segmento, sin embargo, fueron para la juvenil Didi Romero –hija de la también cantante Deddie Romero- quien mostró su inmenso caudal vocal, capacidad para los matices, cuidada dicción y presencia escénica en el estándar “Summertime”. La trompeta de Sepúlveda, asordinada con un “plunger mute”, le añadió un toque de sensualidad bluesera a la interpretación, un impresionante debut para la cantante en el importante escenario del Jazzfest.

Sepúlveda y su banda culminaron su presentación con el jubiloso “Luquillo Blues”, la hermosa balada “My Dear One” –tan memorable que parece un estándar de jazz, aunque fue compuesta por el trompetista para su hija- y una rica versión salsera de “Puerto Rico”, el inmortal tema de Palmieri.

Con los timbales y las congas colocadas precisamente en el centro del escenario, Ralph Irizarry y Timbalaye arrancaron con su propuesta de jazz latino marcado por el swing de Nueva York. Se trata de un sonido expansivo –aunque eran solo siete músicos en ocasiones su expresión se acercaba a la de un big band, gracias a los arreglos- y que por momentos recordaba el de las orquestas de Louie Ramírez, quintaesencia de la intersección de la salsa y el jazz en la Gran Manzana.

Así ocurrió en los dos primeros temas que tocaron, “Ayer y hoy” y “Ocean Parkway”, con un swing feroz y potentes solos de timbal y conga que no se hicieron esperar. En el segundo, el solo de piano de Adán Pérez fue la calma en medio de la tormenta y la improvisación de Aníbal Rojas en el saxofón tenor toda una lección en fiereza y color tonal.

En “Bomba mundo”, una fusión del ritmo puertorriqueño con pasajes de bebop, el bajista boricua Alex “Apolo” Ayala ejecutó un magistral y melódico solo en el bajo eléctrico, mientras que “Gotham Town”, compuesta por el percusionista colombiano Samuel Torres, representó un regreso a las síncopas ultra-precisas e intensas.

El “sonido de Nueva York” reapareció con fuerza en las dos siguientes interpretaciones, “No Apparent Reason” y “Piesote”, ambas con cálidas melodías y potentes “riffs” de la sección de vientos. En esta última, Irizarry mostró una vez más la fuerza con que descarga en el timbal, así como su peculiar manejo del tiempo. “Rumba Jam” y “Monte adentro”, un seis villarán compuesto por Ricardo Pons, concluyeron la participación de Timbalaye con poderosos solos de Omi Ramos en el trombón y Ayala, nuevamente, en el bajo.

Relativamente poco conocido en la Isla, el guitarrista argentino Luis Salinas probó ser todo un prodigioso descubrimiento. Aunque en el pasado ha grabado una fusión de tango con jazz, flamenco y “world music”, dedicó casi íntegramente su presentación de la noche del viernes a un intenso y feliz jazz latino presidido por dos guitarras –la suya, de cuerdas de nilón y sonido muy atractivo, y la de su hijo Juan, un gran talento en la eléctrica- y por la maravillosa interacción de su quinteto.

Salinas se ganó inmediatamente al público presente al comenzar con un medley de “El día que me quieras” y “Salsalina”, una suave rumba en la que exhibió el puro sentimiento bebop con el que toca la guitarra. Alex Tosca Laugart ejecutó también un chispeante solo de piano, con multiplicidad de recursos técnicos y la clara influencia de Chucho Valdés.

“Cha cha rock” fue la primera oportunidad de Salinas hijo para desplegar su magia en la guitarra eléctrica, con una improvisación llena de energía que hizo pensar en algunos de los mejores momentos de Buddy Guy y una conversación (“fours”) con su padre marcada también por su tono enérgico y alegre.

No contento con hacer gala de su talento en la guitarra, Salinas padre también ofreció su talento como cantante, en una interpretación de “Cuenta conmigo” cargada de sentimiento. Luego volvió a la salsa instrumental, con la composición “A Cheo y Papo Lucca”, dedicada a estos dos titanes del panorama musical boricua. Aquí hubo una gozosa interacción de Salinas padre y Tosca Laugart en el solo del primero, así como un hermoso solo de este último en el piano, en un estilo que hizo honor a las señas y manerismos del gran pianista ponceño. Un altísimo nivel de creación colectiva definió este tema.

Una espectacular descarga de rock latino, “Vamos por ahí” y una cuidada versión de “Alfonsina” en guitarra sola fueron el preludio de “Muy latino”, uno de los mejores cierres de jornada del Jazzfest que se recuerden en los últimos años. Al quinteto de Salinas se le unieron Ralph Irizarry, los congueros Roberto Quintero y Gadwin Vargas, el saxofonista Aníbal Rojas y hasta el maestro de ceremonias, Braulio Castillo, en una breve participación en percusión menor, para un auténtico “jam session” en el que todos los participantes tuvieron la oportunidad de improvisar, dar lo mejor de sí y demostrar que el genuino amor a la música creativa es lo que une a músicos y público por igual en ocasiones memorables como lo fue esta.

Extraído de elnuevodia.com

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