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Dedican Puerto Rico Jazz Fest al percusionista Giovani Hidalgo

El reconocimiento a Hidalgo fue un “tributo viviente a su trayectoria, virtuosidad y ejecución musical, por ser un digno representante de nuestra tierra”.

Bajo un cielo despejado y con una brisa fresca, un público relativamente escaso pero entusiasta se congregó el sábado en el Anfiteatro Tito Puente de Hato Rey para disfrutar de la segunda y última jornada del Puerto Rico Jazz Series, que celebró este año su edición inaugural.

Contrario a la oferta del viernes, en la que hubo mayor variedad de ritmos y estilos, la del sábado se enfocó de manera bastante sólida en el jazz latino, con la excepción de uno o dos temas cuya inclusión en un evento de jazz resultó cuestionable.

Un grupo integrado por jóvenes músicos que son producto del Conservatorio de Música de Puerto Rico, el Vanguard Jazz Sextet, dio comienzo a la larga velada musical, que se extendió, al igual que el día anterior, por poco más de seis horas. La formación de este grupo sorprende de inmediato, pues su “frontline” está compuesto por un vibráfono y un violín, sin las trompetas o saxofones comúnmente asociadas al jazz latino. Pero más sorprende aún el talento de sus integrantes, especialmente la vibrafonista Aniela Batres, quien ejecutó impresionantes solos, sobre todo en “Canción para las mujeres del ocho” (en honor del Día de la Mujer).

También sobresalieron Eugenio Torres en el violín, Jesús Colón en el “bass guitar” y el líder, Jerez Guzmán, con una recia energía y rapidez en las congas. La cantante Adryanna Muller, así como la ejecutante de danza moderna Erimar Landrón, le dieron un toque especial a la balada “Strange Fruit”, de Billie Holiday, un tema nada fácil de interpretar pero que resultó bien logrado.

Pedro Guzmán y Jíbaro Jazz proveyeron a continuación la nota “mellow” del concierto, con las melodías sencillas que integran su repertorio, tales como “What a Wonderful World”, de Louis Armstrong; “Affirmation”, de José Feliciano; y “Aquarius/Let the Sunshine In”, el clásico de la época hippie popularizado por The Fifth Dimension, que contó con un imaginativo solo de Ángel David Mattos en el piano. La presentación de la trovadora infantil Ana Carolina Hernández, quien interpretó un tema jíbaro, desentonó con lo que cabe esperar en un festival de jazz, por más que el concepto mismo de “jazz” se haya ampliado notablemente en los últimos años para incluir casi todo tipo de fusiones. No hubo aquí, al parecer, ningún intento de fusión.

Con la próxima banda, la del vocalista y trompetista Jerry Medina, ocurre algo ligeramente similar. Algunos de sus temas parecen ser más bien de salsa, por el empleo de la clave, los coros y soneos y su “feeling” general. Sin embargo, en sus arreglos hay una clara intención de hacer jazz, con ricas sonoridades, armonías y texturas. Así, Medina y sus destacados músicos –que incluyen a Ricardo Pons en saxo tenor, flauta y clarinete; Frankie Pérez en saxo barítono; Julito Alvarado en trompeta; y Toñito Vázquez en trombón- cautivaron al público con su intensa música. Una interpretación en particular,la de “Décima Blues”, pareció englobar todo su concepto, al incluir el expresivo y profundo “scat singing” de Medina (sin igual en nuestro país), un buen solo de piano de Julio Boria, ecos de Nueva Orleans, coros de salsa y el hip-hop del vocalista Medina Carrión, hijo de Jerry.

A esa presentación estelar le siguió otra no menos distinguida, la del Puerto Rico Jazz Stars. Integrada por Jorge Laboy en guitarra, Edmar Colón en saxofones, Yan Carlos Artime en piano, Ramón Vázquez en bajo y dirección musical, Efraín Martínez en batería y Marcos López en percusión, esta es una formación realmente extraordinaria que debería considerar documentar su música en una grabación. “Bailamos 7 mamá” fue probablemente su mejor pieza de la noche, uno de esas interpretaciones que lo tienen todo: un tema disonante y atractivo; solos de gran personalidad a cargo de todos los integrantes; y una profunda interacción entre los músicos.

La llegada del pianista cubano Ernán López Nussa fue el plato fuerte de la noche. Verdadero virtuoso del instrumento, con extraordinario sentido de musicalidad y estructura, López Nussa deleitó al público tanto en una pieza que tocó solo como acompañando al Puerto Rico Jazz Stars. Sin embargo, y lamentablemente, ninguna de las piezas que tocó fueron identificadas por su nombre, con excepción del tema final, “Drume Negrita”, en una versión exquisita (con ecos tanto de jazz free como de música clásica) que concluyó el festival de manera memorable.

Extraído de elnuevodia.com

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